Hoy hice un entreno de esos que dan motivos para tumbarte en el sofá después de cenar y luego irte derechito a dormir. Hace unos días decidí sacar el pulsómetro del cajón de la mesita y empezar a darle uso. Me olvido un poco de los tiempos y me guío por las sensaciones y por el pulso. Me gusta yporque me ayuda a diferenciar cuando rindo, cuando estoy cansada o cuando estoy haciendo el vago.
Se suponía que al acabar iba a subir trotando desde El Soto hasta Finca Liana y allí me recogían en coche. Espero 5, 10, 15, 20 minutos,... y nada. Llego hasta la rotonda del Teatro del Bosque, vuelvo a bajar,... Ya se me estaban pasando varías hipótesis raras por la cabezas. Decido volver a la pista. Aparezco en el Soto y, por fin, decido subir para casa. Por supuesto no tenía llaves.
Al final, lo de siempre. Como no la culpa era mía, que tengo más paciencia que el Santo Job y podía estar todavía allí esperando (me temía esa respuesta, je,je). Menos mal que después de la kilometrada me esperaba esto en casa.

A mí el pulsómetro sobre todo me ha servido para controlarme en competición. Sujetarme ese "puntito" de euforia que nos entra en los primeros kms y ayudarme para dosificar.
ResponderEliminarEn montaña también, especialmente en las subidas más duras (por ejemplo Cabezas en el antiguo MAM) donde pasarse de punto es fácil y te deja KO.
Creo que es un instrumento beneficioso aunque no lo uso de continuo.
Slds.