Septiembre es un mes en el que te planteas nuevas expectativas. Siempre empiezo el curso escolar con ganas y la temporada deportiva con nuevos retos. Esta vez todo está siendo un poco distinto: se acaba la temporada de carreras de montaña y ahora toca empezar a descansar.
Volviendo la vista atrás estoy satisfecha de como ha ido todo a pesar de que hace no mucho más de 24 horas tuve que retirarme de nuevo en una de esas carreras superhipermegalargas para mí. Desde mayo hasta ahora fueron muchos los kilómetros por el monte para los cuales aún no me siento preparada. Eso sí, no hay duda de que el año que viene repito.
Con Pedro, ¡Qué bien íbamos! ¿Verdad?
Ayer quería terminar por encima de todo, caminando o como fuese pero un gran número de músculos de mis piernas decían que no, especialmente mis abductores. Intenté entretenerme con mil cosas: mirando setas, vistas panorámicas, formas geológicas (hice todo un repaso del tema de geología que me toca explicar esta semana: cárcavas, barrancos, caliza, ramblas,...) pero en el kilómetro 32 decidí que no debía hacerme sufrir más. Fin.
Eso sí ayer tanto Nerea como Lorenzo nos dieron una gran alegría con sus podiums. Así que una grandísima enhorabuena a los dos.
Ahora lo que realmente me apetece es seguir entrenando por la Sierra de Guadarrama y disfrutando de un ambiente tan agradable como el que existe entre corredores de montaña.
Todo empezó en Segovia, con aquella subida llena de nieve a la Laguna de Los Pájaros y siguió en Alfondeguilla, Cercedilla, Bustarviejo, Sant Joann de Les Abadesses, Cerler, Brañosera, Orense, Montón de Trigo, La Pedriza. Y, por fin, Oturia.









































